Arena

Arena, viruta de tierra que entras en mi casa y en mi plato,
que sigues el viento y arañas mi piel y mis ojos y me ciegas.

Renace en mí la nostalgia de mi tierra, aquella que huele a mar,
la que me robaron, esa que ahora otros expolian con violencia.

Enajenado, me adentro en tu laberinto, cementerio penoso y seco,
así mi cuerpo estalle, así sea atravesado,
así muera de hambre o de impaciencia.

Nada me detiene ni a nada me aferro.
Conmigo una tela y un juego de té.

A ti me entrego condenada, para que entierres mi alma y mi recuerdo.

Oh arena, polvo del desierto que me refugias y encierras,
de norte a sur, de este a oeste.
Del derecho y del revés,
aunque suplique, aunque me muera.
Oh arena, no hay salida, no hay manera.


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